30 de junio de 2013

‘MILLENIALS’: CUANDO EL ÉXITO ES HACER LO QUE AMAS

Nacieron entre 1981 y 1995 y en el mercado laboral global suman 2,3 millones. Fluctúan entre los 19 y 32
años y son quienes están marcando el paso de cómo se pensará, producirá y trabajará a futuro. El 54% de
ellos planea tener su negocio o quizá ya lo tiene.
Para los ‘Millenials’ –como también se les conoce–, el trabajo es colaborativo y no temen hacerlo de manera remota. No se amilanan si pierden el empleo y entienden que el éxito en la vida es sinónimo de hacer
lo que uno ama. Si bien es una cuestión de actitud, las empresas deben adaptarse a sus necesidades  laborales, pues usan la tecnología con frecuencia
Los mayores son hijos de los ‘baby boomers’ (nacidos entre los años 1940 y 1960), y los menores son
fruto de quienes forjaron su camino bajo los lemas de la generación X (entre 1960 y 1980)
En general, para los ‘Millennials’ lo que más importa es disfrutar de su trabajo (y aprender de él) y buscar que los proyectos en los que se involucran marquen la diferencia. Tienen la habilidad de adaptarse a los cambios. Y no es casual. A ellos les tocó hacerse adultos en medio de crisis como las vividas en el 2008 en el mundo y la recesión generalizada que en el 2012 se sintió en todo el orbe. De aquí que una de sus preocupaciones sea que el éxito es hacer lo que uno ama.
Para un ‘Millennial’, las oportunidades de verdad son las que integran pasión con trabajo. El compromiso
y la responsabilidad nada tienen que ver con cumplir un horario, poco con dorarle la píldora a un jefey todo con llevar adelante y resolver cada una de las tareas. Los límites entre la vida y el trabajo no son nada precisos –de hecho, la vida es trabajo– y los canales de educación posibles no se circunscriben únicamente a lo formal: en su currículum vítae es tan válido un posgrado como un hobby con el que está comprometido desde hace años.
Para ellos el yoga es tan importante como el último curso de actualización profesional, diplomado o maestría. Y no les rinden pleitesía a esquemas de organización vertical ni precisan de la contención que genera una oficina ni reglas por cumplir a rajatabla. Lo que los ‘Millennials’ no reciclan en su filosofía es la fascinación
por la competencia, el sentido tan marcado de individualidad ni el permiso tácito a hacer todo lo que esté al
alcance con tal de llegar a la meta.